Reconocemos el valor de Harry Potter desde el punto de vista literario y como factor iniciador de lectura entre niños y jóvenes, sin embargo no queremos dejar de lado su efecto “adictivo”.
Parece un hechizo. Nos transformamos en víctimas de un síndrome de “abstinencia”, leemos los libros hasta que se nos caen los ojos, las aventuras en el colegio Hogwarts junto a sus amigos hacen que sea imposible dejar de leer párrafo tras párrafo y página tras página y los detalles de su mundo nos permiten escaparnos en secreto y disfrutar aventuras increíbles.Parece como si fuéramos a devorarlo; exprimimos la historia y esperamos con ansias el siguiente libro para poder saborearlo. Nuestro corazón queda dividido, deseamos leer el final pero también sabemos que al llegar a la última oración experimentaremos una insoportable melancolía que sólo se irá cuando se publique el siguiente.
Pero no nos quedamos con una simple lectura. Casi sin notarlo hacemos lo posible para tener en casa el DVD de la película, las escobas o los gorros de brujo, las figuritas y cualquier tipo de objeto aparentemente necesario para nuestras vidas. Lo disfrutamos, pero ¿alguna vez nos pusimos a pensar en las claves de “enganche” que genera?
Sin lugar a dudas, la famosa saga de J. K. Rowling Harry Potter ha alcanzado gran éxito comercial y popularidad en el sector de la literatura infantil y juvenil en un tiempo relativamente corto. Algunos autores y diversos críticos han analizado a fondo el fenómeno Harry Potter, y el particular seguimiento que ha obtenido por parte de la comunidad adolescente. Muchos se preguntan cómo pudo transformarse en una adicción para millones de lectores en todo el mundo, hasta que se convierte en una verdadera necesidad para los fanáticos conseguir el último libro el día de su lanzamiento, por ejemplo. Según Gemma Lluch (Mecanismos de adicción en la literatura juvenil comercial), la mayor parte de su éxito radica en “la sabia utilización de aspectos que el lector conoce y que se le presentan aquí, cobrando una dimensión diferente: un grupo de amigos que ha de resolver enigmas, un ambiente de internado, la presencia del bien y del mal, los elementos mágicos sabiamente dosificados y disfrazados en muchos casos de una verosimilitud casi realista”.
A su vez, éste éxito de ventas ha desatado cierta polémica: la cuestión si es realmente un buen libro o si es solamente un producto puramente comercial, una marca, un icono cultural o mediático. Muchos autores han llamado a la saga como paraliteratura: lenguaje simple, fácil de leer, personajes estereotipados, genera necesidad de llegar a leer el final rápidamente, no funciona como obra independiente. “Publicar una saga ya es hablar de continuaciones”, dice Lluch. Cada libro está orientado a la publicación de una secuela. Se busca atrapar al lector con una lectura fácil y entretenida y mantener esto con los demás libros de la saga. A su vez, este producto nacido de una imaginación como la de Rowling dio lugar a otros libros no pertenecientes a la saga: libros que explican los personajes, las fórmulas mágicas, los poderes, los encantamientos o los países del mundo de Potter. También dio origen a diversos productos generales como libros para colorear, disfraces, videojuegos, etc. Sirvió de inspiración para decenas de obras también.
Sin embargo, nunca hay que olvidar que la literatura juvenil encaja, mayormente, dentro de lo que se clasifica como paraliteratura o literatura comercial: son pocos los ejemplos de grandes obras maestras dedicadas al público adolescente. La literatura canónica, con su estilo “(…) preciso, lógico y metafórico (…)” excluye al joven que todavía no está a la altura de los procesos que demanda la lectura de una obra canónica, “una actividad privada que requiere diálogo y lentitud, que es sobre todo cerebral e intelectual”. La avidez propia de la juventud hace que esta se incline por las historias de personajes “esquemáticos y estereotipados”, con los que no solo pueden identificarse al hallar rasgos comunes sino con los que pueden establecer una rápida conexión, la lectura se convierte en una actividad “afectiva y visceral. La introspección propia de la literatura canónica es un proceso que, en la mayoría de los casos, logra hacerse correctamente entrado el período de adultez. Entonces, el objeto buscado no es una obra maestra para adolescentes, sino una obra para literaria que pueda orientar al joven en el camino de la lectura y lo prepare para encontrarse con las grandes obras que “cobran vida al margen del autor”.
Es preciso distinguir, entonces, entre aquellas obras que fueron concebidas para vender, y entre aquellas obras que se convirtieron en un fenómeno sin quererlo. El trabajo de J.K. Rowling tiene por detrás una exhaustiva investigación que reúne todo el folclore de Gran Bretaña e Irlanda. Su obra fue pensada, estudiada y trabajada. Más allá de que pertenezca al canon o no, sobresale entre las novelas escritas de un tirón que reúsan viejas historias y viejos personajes. Más allá de las críticas literarias, la historia ES original, y se destaca frente a sus compañeras de género por un uso más refinado del lenguaje, descripciones más exhaustivas y tramas más complejas. Cada personaje tiene una historia y una personalidad perfectamente descripta, entrelazadas en un mundo mágico imaginado por ella a lo largo de los años. Podría decirse que es la precursora de todas las demás series que pululan hoy día. De alguna manera sentó las bases para que otros autores “(…) aprovechen algunas características de la saga para crear un marco común y ser reconocidos por el comprador. Se imita la manera de escribir, el tipo de personaje, el género; en definitiva, cualquier característica que cree en el lector una sensación de volver a vivir el placer creado por el producto madre.”
Lo referido a esta adicción que se genera en jóvenes de edades avanzadas es real hasta cierto punto. Estos adolescentes tienen la necesidad de obtener todo lo relacionado con la historia, de manera rápida y lo más similar al original posible. Obviamente, genera un frenesí de compras y gastos que enriquecen a los que promueven la continuación de la saga. En todos los casos, los adolescentes poseen gustos que les generan gastos. Creo que todos podemos entender que es mejor una “adicción” a un mundo mágico representado en la literatura (que de paso, una vez leída la saga los jóvenes se ven incentivados para continuar su lectura) que otras adicciones que amenazan a la juventud actual. En este sentido, no existe la mala prensa para Harry Potter. Cada crítica que se le hace contribuye más al fenómeno, sin importar que sea de aprobación o de rechazo. Todas ayudan a que sigamos teniéndolo presente, a que sigamos conociendo sus complicaciones y cada uno de sus desenlaces, a que consumamos sus películas, sus productos, sus derivados.
Los alumnos del colegio ciertamente no han podido esquivar este fenómeno, por lo que el mismo se ha difundido bastante desde los más pequeños de primaria, que comienzan su camino literario con Harry Potter y la Piedra Filosofal, hasta los más grandes en el secundario, algunos de los cuales, siendo los más fanáticos, han repasado varias veces las páginas de cada uno de los libros de la colección. Con este motivo, nos proponemos armar un sector en nuestra Feria del Libro, dedicado exclusivamente al repaso integrado de la saga Harry Potter, donde los estudiantes que asistan a la feria puedan reconocer diferentes momentos del trayecto del niño en el mundo mágico ideado por Rowling. La elección de esta historia y no otra para estructurar un rincón orientado es, más que nada, debido a que es probablemente el único lazo entre todas las edades de jóvenes y niños que cursan en el Colegio. No existe otro relato literario que se precie de agradarles a los adolescentes en su mayoría, y que a su vez esté al alcance del gusto y entendimiento de los niños que recién empiezan a dar sus primeros pasos en la lectura. Al menos, ninguno tan difundido como los relatos de Hogwarts. Cada libro es más extenso que el anterior, lo cual genera una mayor resistencia lectora en niños cada vez más jóvenes, que a su vez aprenden a disfrutar el conjunto del libro y no sólo el hecho de haberlo leído. Los alumnos de cuarto y quinto año de Humanidades del colegio esperamos que disfruten el sector de Harry Potter y que les sirva de excusa para visitar el resto de la exposición.
Por Florencia Casto, Federico Fritelli, Camila Giner y Florencia Bollatti.
Para redactar este artículo hemos leído el trabajo de la especialista en Literatura Infantil y Juvenil Gemma Lluch, una de las investigadoras más reconocidas en la materia. El trabajo se centra en los mecanismos "adictivos" de cierto tipo de literatura, series y películas, tal es el caso de Harry Potter y Crepúsculo. Les dejamos el link para aquellos que quieran leerlo. http://213.0.4.19/servlet/SirveObras/08140529869714262977857/p0000001.htm#I_7_
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