LA CIUDAD QUE NUNCA DUERME
La leyenda de La Ciudad Que Nunca Duerme fue una de las historias más conocidas antaño, de esas que las mamás les contaban a sus hijos antes de irse a dormir para que tuviesen lindos sueños. Se decía que no todos la podían ver, que solo la gente “especial” podía entrar en ella. Muchos investigadores o simples curiosos intentaron encontrarla, obviamente fracasaron ya que los Especiales son muy cuidadosos con el tema de la protección, y muy astutos al crear numerosos elementos para mantener la seguridad dentro y fuera de los límites. Pero con el paso del tiempo la historia se fue perdiendo, la gente olvidando y La Ciudad Que Nunca Duerme quedó como no mucho más que un simple recuerdo en el subconsciente de las personas. Esto significó un gran alivio para sus habitantes ya que era un molesto problema estar ocupándose día y noche de las personas comunes que se creían lo suficientemente astutas como para encontrarla.
Esta ciudad se llama así ya que las personas que la habitan tienen la particular característica de no dormir, pasan día y noche despiertos, trabajando, con sus familias y amigos disfrutando de sus habilidades, porque que no duerman no significa que no tengan sueños; todo pensamiento, sentimiento o idea que pase por la mente de las personas se vuelve realidad, toda necesidad que tengan la pueden satisfacer, toda enfermedad que existe se puede curar, todo problema tiene solución, no existe el hambre, la indiferencia ni la pobreza, solo hay millones de ideas que en pocos segundos se convierten en realidad, siempre y cuando estén dentro de los límites de la ciudad. Por qué en un principio generó muchos problemas ya que así como existen buenas ideas para crear la paz y la felicidad en la ciudad también están las malas que son llevadas a cabo por los Dementes que son criaturas envidiosas, resentidas, van en contra de todo lo bueno, su odio es natural, nadie sabe de donde provienen y no tienen ni la más mínima esperanza para creer en un mundo mejor. Lideradas por Lord Voldemonte, pretenden invadir el mundo y someter a la raza de los “no elegidos” que continúan en sus vidas sin saber sobre los peligros que corren. Estos tienen acceso a la ciudad ya que nadie lo puede evitar, nadie maneja la particular elección de los “especiales”, simplemente es así. Por lo tanto, el Ministerio de Especialidades, el cual gobierna, juzga, ayuda y se encarga de los problemas, instruyó a una serie de personas para que lucharan contra los Dementes y pudiesen eliminar sus invenciones en el mismo instante en que fueran creadas. Éstos se hacen llamar los Autores, estuvieron en guerra desde los comienzos de la ciudad y tienen el difícil pero satisfactorio trabajo de perseguir a los Dementes, tratar de destruirlos a ellos y sus creaciones y proteger principalmente a La Ciudad Que Nunca Duerme y si es necesario al mundo entero.
Actualmente el Ministerio de Especialidades se encuentra en la Av. Lily Evans entre James Street y Moody Street. Existen tiendas empapeladas totalmente de folletos y papeles con ideas novedosas que la gente puede imaginar. Los lugares más concurridos son el Callejón Dragón y Hogstel en donde se pueden hallar grandes sucursales de Honeyduccas y Las Tres Aspiradoras, para pensar en las mas deliciosas comidas; de Madame Malkom’s para tener a la moda el guardarropas; y de El Emporio de las Luciérnagas, en donde se pueden obtener excelentes ideas para tener toda clase de animal fantástico. Sobre la Av. Weasley, junto en la intersección de la Av. Anden 9 ¾ y Tom Riddle comienza The Prohibited Central Park, un espeso, frío y oscuro bosque que atemoriza a los “especiales”. Incluso los Dementes hasta el mismísimo Lord Voldemonte no se atreve a entrar. Sólo unos pocos valientes sabios que estaban ya al extremo de la locura se animaron a penetrarlo pero nunca volvieron ya que al traspasar la primera hilera de altos árboles todo poder que posea la persona o pensamiento que intente crear es anulado, es la única área de La Ciudad Que Nunca Duerme en que el hombre se tiene que valer por sí solo. Desde tiempos remotos los más grandes científicos de la comunidad trataron y siguen intentando descifrar el gran misterio que se esconde en sus profundidades. Algunos dicen que el que logre salir con vida de allí, conseguirá la vida eterna, otros piensan que existe un lugar en el que son revelados todos los secretos del universo y al salir te consideraran el “gran especial” ya que podrás crear elementos inimaginables capaces de cambiar el mundo en el que vivimos. Estos dichos son los que impulsan a los más ambiciosos a adentrarse, pensando que están lo suficientemente preparados como para vencer a cualquier criatura o elemento que les haga frente.
En cuanto a creencias hasta ahora no ha habido ninguna confrontación entre dos ideologías. Los “especiales” son gente muy activa, saben razonar correctamente en situaciones de extrema importancia y se muestran indiferentes ante los llamados de los Dementes para unirse a la guerra entre el bien y el mal. La única ocasión en que la gente comenzó a impacientarse, a hacerse preguntas y tratar de conseguir información fue con la llegada de “La Llamada”. Hace más de un siglo, la ya fallecida adivinadora Cassandra Trelawney predijo la llegada de “El Elegido”, una persona que llegaría a La Ciudad Que Nunca Duerme traspasando The Prohibited Central Park pudiendo utilizar sus poderes y siendo capaz de destruir a Lord Voldemonte y sus seguidores. Su llegada significaría el comienzo de una nueva era en la historia de los “especiales” en la que ya no existirían más misterios y las fuerzas del mal se hayan extinto.
La comunidad sigue aguardando su llegada, pero mientras tanto la vida sigue, los secretos siguen guardados, los Autores continúan luchando, y La Ciudad Que Nunca Duerme sigue siendo simplemente una antigua y olvidada leyenda.
Por: Canuto y Cornamenta
DONDE LOS CAMINOS NO TIENEN RUMBO
Todavía nadie en este mundo pudo encontrar mi ciudad. Muchos creen que es sólo un mito.
Mi ciudad está formada por escaleras y cada persona tiene una propia. Todo es blanco y negro, no existen los colores. Los habitantes se dedican toda su vida a subir su propia escalera; trabajan toda su vida sin descansar, pero éste trabajo es sólo en beneficio propio ya que los distintos caminos nunca se cruzan, es decir que las personas nunca se encuentran con otras, nunca conversan o juegan. Otros caminos sólo se cruzan una sola vez en un punto y luego nunca más. Y unos pocos se juntan al final: estas personas son las afortunadas que luego de una vida de soledad encuentran a su alma gemela, esa persona con quien pasan el último tiempo que les queda a ambos.
Los distintos habitantes se distinguen unos de otros sólo por la actividad que realizan o la escalera que suben, pues físicamente todos tienen una forma humana básica: no tienen rasgos faciales, por lo que no pueden expresar sentimientos, aunque esto no es un problema ya que no socializan con nadie; no tienen cabello, ni dedos, no se distinguen hombres y mujeres a simple vista, esto sólo se puede saber por la vestimenta que utilizan. Con el paso del tiempo, estas personas han desarrollado una especie de poder mental que les permite realizar sus actividades sin utilizar brazos ni manos, no se requiere ni del más mínimo esfuerzo. No existen animales porque la ciudad está casi totalmente hecha de ladrillos o madera, lo que hace muy difícil que haya vida. Las pocas plantas que proveen de oxígeno a la ciudad se encuentran en los espacios verdes, en lo más alto.
Las personas tienen totalmente prohibido dejar su escalera para meterse en otra. Al no socializar, el único enemigo de cada habitante es la soledad. No existen los idiomas, ni la ciencia, ni mucho menos, medios de comunicación, en general. Los hombres no tienen una religión. La mayoría vive subiendo su escalera con la esperanza de llegar algún día a lo más alto: es esta utopía lo que los mantiene vivos. Una utopía un tanto ingenua, porque nadie conoce con exactitud que hay al final, o peor, si realmente existe un final en este mundo de infinitas escaleras. Unos pocos seres humanos creen en la magia: hacen todo tipo de intentos para acortar camino milagrosamente, pero siempre fallan. Muchos mueren sin haber llegado al final, sin conocer qué es la felicidad, el amor, la libertad. Viven siendo esclavos de los escalones. Nunca saben hacia dónde irá su camino: ésta intriga es lo que motiva a los más aventureros para seguir su impredecible camino.
No existen lazos familiares, nadie sabe con exactitud de dónde viene, pues hasta en su recuerdo más lejano ya estaban subiendo escalón por escalón, uno a la vez, sin compañía de nadie. Tampoco se podrían deducir parentescos por las similitudes, pues todos son iguales.
La vida en ésta ciudad no es de lo más placentera, pero para quienes llegan a un punto en que no pueden vivir más esta monótona vida, siempre existe una salida fácil: saltar de la escalera y caer libre, dejándosela a alguien más, que pueda soportar todo lo que ella implica.
ESPIRACQUA
Una vez embarcado en la nave marina de su contacto, el viajero da claras indicaciones. Abandonarlo sólo en medio del pacífico, sin mapas ni coordenadas. Esa, según la leyenda, era la única forma de encontrar la ciudad escondida del mundo, de la cual no había registros contundentes ni testimonios en primera persona.
La niebla espesa cubre parte de la luz solar, sin dejar que llegue a la débil barcaza en donde reposa cansado. De repente, el enclenque bote entra en una especie de corriente. La niebla no deja ver, pero para el viajero y gracias a su experiencia, pudo notarse una leve tendencia en espiral, aumentando la velocidad a medida que pasaba el tiempo.
Un par de horas más tarde, el bote se inserta en un espacio cerrado, donde la molesta niebla se disipa y los ojos del viajero se llenan de luz.
Ese galpón, similar a un puerto, contiene todos los tipos de navíos de la historia. Comerciales, militares, diplomáticos. Franceses, ingleses, griegos y hasta fenicios. Todo, desde fragatas a galeras, pasando por carabelas y buques. Amarra su bote a un palo firme y se sube al andén de cerámica, contento de pisar al fin suelo firme. A su encuentro sale lo que a simple vista pasaría por un hombre normal. Sin embargo, cuando nuestro viajero detiene la mirada en él, percibe ciertas diferencias. Sus piernas, escuálidas, miden más de un metro y un tercio de largo, y finalizan en pies de más de cuarenta centímetros. Su pecho es amplio, más de lo normal para un ser humano, y su cabeza sostiene una prominente nariz
- Bon jour, ¿Parlez vous francais? – se presenta el extraño-.
- Lo siento, hablo español.
Sin mediar más palabra, quien lo había recibido se aleja por donde vino. Claramente, ahora que lo vé, la mayoría de los barcos son franceses. Inmediatamente, otro patilargo sale a su encuentro.
- Buenos días, señor, y bienvenido a Espiracqua. – dice el desconocido de forma amable -- Gracias, en serio les agradezco la cálida bienvenida. Igualmente, no puedo dejar de preguntarme quienes son ustedes. – responde el viajero, evitando la pregunta obvia ¿Qué son ustedes?-
- Nos consideramos seres humanos, al igual que usted, pero nos denominamos saltaros, en su idioma, para diferenciarnos.
- Y, ¿Cómo es que sabe usted español?
- ¡Já!- se mofa el saltaro – No es usted el primer español perdido. – dice y señala a tres buques con la bandera roja y amarilla.
- No estoy perdido, – agrega ofendido con aires de aventurero – vengo de visita.
- ¿De visita? Bien, le daré un recorrido. Aunque primero, debo darle un lugar donde reposar. – aclara el extraño ser y lo agarra del brazo.
Pasan entonces por un portal, y con gran asombro, nuestro viajero encuentra la respuesta al enigma de la niebla.
Reposando arriba de las murallas exteriores de la ciudad, hay alrededor de 300 ancianos hasta donde la vista lo deja contar, haciendo algo lo más parecido a fumar. Estos contienen un tubo larguísimo, (hecho de materiales orgánicos, que arden levemente al final) e inhalan y exhalan enormes bocanadas de humo gris claro, sólo hacia afuera de la ciudad. Intramuros, la ciudad permanece totalmente visible.
- El humo, como lo llaman ustedes, protege nuestra ciudad de molestos turistas – dice el saltaro dedicándole una mirada cómplice- y desvía, al ser tan espeso, la mayor parte de los vientos.Un mes reposó en el cuarto donde el saltaro español lo había acomodado, sólo comunicándose con él. Averiguó que la ciudad, dispuesta en espiral, contenía una especie de gobierno oligarca al centro, en los dos primeros espirales, y después de cada bloque, se ubicaba una clase social más baja, dependiente del gobierno central. La razón de sus pies y piernas largas era simple, entre cada brazo del espiral, había brechas de un mínimo de dos metros de agua. Si necesitaban acortar el camino a su destino, debían saltar ese espacio.
Por más que el viajero era tratado con mucha hospitalidad, y alimentado frecuentemente de comida local, se sentía débil y mareado constantemente. Atribuía esto al acostumbramiento del cuerpo a la extraña sociedad, sus horribles alimentos y el constante olor a humo, que los ciudadanos que observaba por su ventana parecían ignorar por completo. Por fin, se dió cuenta que su cuerpo necesita movilidad y se levanta para una caminata nocturna, sin avisarle a su “guardián” por temor a molestar su sueño. Raramente, encontró cerrada la puerta de su habitación, por lo que debió escabullirse en la habitación del saltaro y quitarle sus llaves.
Acostumbrado a estar prisionero en lugares recónditos, el viajero no encontró problemas para salir rápidamente de su cuarto.
Encuentra la ciudad en completa calma, como si existiera un pacto tácito de reposo entre sus habitantes. Los únicos seres despiertos son los raros ancianos. Espiracqua, de noche, no era sino otra ciudad inofensiva, muy parecida, si se pensaba con esmero, a la vieja Venecia. Después de una media hora de recorrido, a nuestro hombre se le ocurre verificar el estado de su pequeña embarcación, la cual teme haber dejado descuidada. Al entrar al similpuerto donde había conocido a Punho, el saltaro español, se lleva gran sorpresa al no ver su bote por ningún lado. Intenta realizar una búsqueda más exhaustiva, la que no da resultados y se rinde luego de pasada una hora. El asombro comienza a transformarse en temor, y este en desesperación. Mantiene la calma lo suficiente para salir del recinto. Velozmente, recorre los metros que lo separan de los muros, donde gritando pregunta a los viejos.
- ¿Alguno está en condiciones de responderme?
Sin respuesta. Enfoca la mirada en el anciano más cercano. Su rostro senil denota una serie de arrugas muy marcadas en su piel. Su boca, pegada al rarísimo tubo sinfín, parece moverse como automatizada, abriéndose y cerrándose al humo. Sus ojos miran sin ver un horizonte invisible a través de la niebla. El viajero baja la mirada a sus pies, los cuales no demuestran signos de tener algo distinto a los de él. Las medidas de piernas y pies son las del humano normal, pero nuestro hombre no sabe si se debe al metabolismo corporal propio de los saltaros, que al envejecer pordrían tornarse más “humanos”. La mirada sube sobre su piel semidesnuda hasta sus hombros, donde el rostro del viajero se transforma totalmente en reacción a lo que reconoce en ellos, y comprende lo que estaba ocurriendo. Las calles de agua parecen reírsele en la cara, la ciudad ya no luce tan confortante. Debe salir cuanto antes de ese horrible lugar.
Sin que la orden siquiera llegara a ellas, las piernas se pusieron en funcionamiento. El cuerpo siguió su camino mientras el cerebro procesaba un plan inmediato. Todo era claro ahora, miró a su cuerpo y no pudo creer que haya sido tan estúpido. Bajó al anciano de la muralla utilizando todas sus fuerzas para saltar y amarrarlo con una soga en el aire. Al lograrlo, tiró de la soga y el viejo cayó en sus manos, como tenía previsto. Al caer, el enorme artefacto que estaba fumando se desprendió de su boca, contagiando de humo ese sector del barrio. El hombre lucía como drogado, en un estado de inconsciencia superior y poco probable a recuperase, sin embargo, el viajero lo cargó a su espalda y se lo llevó hacia el galpón que contenía los navíos. Subió su carga al primer bote moderno que divisó, de los cuales era experto conductor, y lo siguió a continuación, pegando un salto entre el muelle y el barco que le dio un escalofrío en todo su cuerpo. Desamarró la soga y abrió las velas, aprovechando la escaza corriente que había para impulsar el barco hacia la débil luz de la noche afuera. Una vez fuera de la ciudad, y a unos diez kilómetros de distancia, la misma se perdió inmediatamente entre sus nieblas, escondiéndose preparada para aquel valiente que deseara encontrarla.
Punho observa lentamente al bote irse recortando contra el espeso humo gris. Toda su vida había esperado la oportunidad de tener a su primer extraño que hablara español. Cuando este llegó, y Malion le ordenó prepararlo, supo que era el momento. Ahora ve completos sus sueños. La reforma de su ciudad, el cambio de todo su universo sería posible gracias a su accionar. Probablemente muera por sus actos, pero le importa muy poco. La satisfacción de ver aquel bote y el lugar vacío del anciano no tiene comparación. Sólo falta algo, se acerca lentamente al Ye-sak, que el viajero había dejado tirado, y lo lleva al borde de sus labios, inhalando el intenso aroma. Sus lazos con Espiracqua acababan de romperse totalmente.
Unos días después y todavía en altamar, el anciano despertó de su inconsciencia. El viajero lo observó y se le vinieron a la mente todos los sucesos que se le habían pasado por alto en Espiracqua. Durante su estadía, fue intensamente alimentado y el aire era deliberadamente contaminado del humo exterior, lo que funcionaba como una droga que le hacía pasar el tiempo sin darse cuenta. Su destino final era, obviamente, convertirlo en un anciano duradero para seguir manteniendo oculta a la ciudad durante el resto de sus días. Igualmente, gracias a ese viejo y a la desaparición de su bote fue que su mente despertó del trance y lo llevo a observar su cuerpo. Había perdido su figura musculosa y su piel lucía marchita y arrugada, además del hecho de que no llevaba ropa. Los saltaros venían haciendo esto con todos los barcos perdidos y sus tripulantes desde hacía largo rato. Cada uno de los ancianos, era un antiguo marinero o capitán que había encontrado la desdicha de caer en la corriente espiralada de Espiracqua.
- ¿Dónde estoy? – dijo el viejo después de observar su cuerpo y el barco al menos cien veces-.
- Estas a salvo, has estado mucho tiempo dentro de esa prisión. Cuando tu mente empiece a recordar, podremos contarle al mundo las terribles cosas por las que has pasado, para que este reforme a Espiracqua y la castigue por su barbarie.
El discurso fue demasiado para el anciano, que se durmió antes de terminar de comprender. Al recostarlo, el viajero pudo notar en su hombro derecho el tatuaje que le salvó la vida.
MI CIUDAD
Mi ciudad es algo rara. A veces ni yo la entiendo. Tiene forma de media luna, y parece que flota, pero en realidad está sujeta con millones de hilos transparentes al Makalla. Éste es un árbol gigante, el que nos da la energía a todos, además de la luz solar que ya recibimos. Para nosotros es muy importante, tanto que por lo menos hay que treparse una vez a la rama más alta de él antes de morir. Hay muchas otras ciudades como la mía colgadas de otras ramas del Makalla, pero nosotros nunca nos comunicamos con sus habitantes, es más, jamás vimos señales de vida y tampoco pensamos en ir a investigar o algo por el estilo. Sí, somos muy miedosos y desconfiados, pero también sensibles, adorables y cariñosos pero sólo con nuestra familia.
La ciudad está “ordenada” por clases sociales y por alfabeto. Al conseguir un determinado trabajo, junto con el título, te dan un registro que determina cuál es tu apellido, y dependiendo de tu cargo, la letra con la que empiece tu apellido será “cercana” o no de la letra V (es la primera de nuestro abecedario). Por ejemplo, si te recibís de doctor, tu apellido va a comenzar con T y por lo tanto, vivirás en uno de los pisos más altos. Hay veintiún plantas distintas, y en la de más abajo vive la clase social más baja de todas: los reyes. Así se les llama a los desempleados, que son minoría ya que siempre sobra trabajo aquí. A medida que subís a la planta siguiente por unas anchas escaleras (no hay otra manera de hacerlo), te vas encontrando con casas bonitas y cada vez, con más forma de taza. Esta forma significa riqueza y abundancia. El Vago, el hombre más importante del reino, ya que es vidente y predice el futuro, junto con su pájaro peludo (que es el mensajero de la cuidad), viven en la planta más alta y hermosa, y su casa, o mejor dicho mansión, es una tetera gigante. Alrededor de ésta, están las tazas de los secretarios del vagabundo, los jardines con árboles con formas raras y el molino de agua, cuyo funcionamiento es muy complejo y sólo tienen acceso a él la gente que vive en esa planta. ¡Ah, sí! ¡La gente! Yo soy de piel anaranjada, porque todavía me falta desarrollarme, pero cuando sea grande, voy a ser bien amarillo como mi papá, y él, dentro de unos años, será blanquito como mi abuelo. Mi hermanito es muy rojo, ya que sólo tiene 186 años, le falta poco pare tener 492 como yo. Hay muy pocas frayas, y esto hace que cada vez seamos menos. Por cada fraya hay tres frayos y por suerte, nosotros podemos elegir a nuestras “mujeres” como les decís vos. No tenemos ni un solo pelo en todo el cuerpo, el único peludo, como ya dije antes, es el pájaro del Vago y todavía los científicos de la cuidad le siguen haciendo estudios para averiguar de dónde llegó volando aquí.
La verdad es que este lugar es muy tranquilo, nunca hubo grandes robos, ni nadie asesinó a nadie, todos mueren de manera natural, y se lleva al cadáver al Samajuti. Éste lugar, es el más peligroso de mi tierra, queda cerca de la casa del Vago, en la punta más alta de todas, donde vuelan los cocodrilos y rondan los sapos venenosos. Acá nacen los mini-frayitos, y mientras la fraya está pariendo, se va descomponiendo instantáneamente el cadáver del muerto. Nosotros creemos que cuando uno muere, reencarna inmediatamente en el cuerpo del mini-frayito por nacer, entonces lo llamamos igual, y se supone que tendrá la misma vida, el mismo cargo, la misma casa, etc.
Bueno, ojala te haya gustado y algún día nos visites...
Mi




